jueves, 4 de octubre de 2007

Historia de Terror El Asesino


Una nueva historia de Terror para que te de escalofrios en la noche, gracias como siempre a kruela.ciberanika.com, especialmente a Candy de España

Finales del siglo XIX. Una noche de niebla, cuya humedad se mete en los huesos como cuchillos afilados hiriéndote cada poro de tu piel. Las luces mortecinas de las farolas apenas alumbran las calles llenas de basuras y excrementos tanto humanos como de animales. No había diferencia entre perros y hombres yaciendo acurrucados en las tuberías de las paredes que daban algo de calor a las casas... Una noche más... donde el sueño profundo es la única esperanza para dar la espalda a la muerte segura que acechaba por las calles buscando una nueva víctima... y, aún así... tampoco podías asegurar el no despertarte en mitad de ese sueño exaltado por el dolor de las cuchilladas del asesino, ejecutor de un ritual que hacía meses dejaba tras de sí, noche tras noche, su huella con un nuevo muerto.

Las prostitutas vagaban por las calles de dos en dos y aunque estuviesen con un sólo cliente una de ellas se quedaba sin trabajar para proteger a la otra a cambio de la mitad de sus ganancias... porque inevitablemente eran criaturas de la noche y aunque ello supusiese casi un suicidio, tenían que sobrevivir al día siguiente a su chulo al que pagaban un porcentaje de su trabajo a cambio de una protección que consistía en no desfigurarlas las caras para que murieran de hambre, y el temor a su chulo era mayor incluso que a la probabilidad de morir descuartizadas. Se consolaban unas a otras diciendo que eso no les pasaría a ellas, aunque ya no podían pasear seguras sin saltar de los zapatos al oír un leve murmullo.

Un estrecho callejón, el suelo empedrado de gris más oscuro que la misma noche de niebla... Becca y Tany salían de su habitación que compartían turnándose entre la cama y el suelo saliendo directamente a la calle por la única puerta de la vivienda. El frío las sobrecogió y se apretaron más lo que quedaba de sus chales raídos y finos por el uso sobre sus brazos desnudos. Nunca echaban la llave a la puerta, porque no tenían nada más que sus cuerpos para seguir trabajando. Atravesaron el callejón hundiendo de vez en cuando sus zapatos destrozados por los charcos producidos por la lluvia de hacía unas horas. Salieron a la calle principal, Becca tuvo que parar con el brazo a Tany, no oyó el coche de caballos que pasaba en ese momento como una exhalación.

-¡Por poco! - dijo Tany recomponiéndose del susto. Y siguieron andando por la calle, ocultando sus rostros del único policía que hacía guardia golpeándose una mano con la porra mientras miraba al otro lado de la calle.

Las dos empezaron a andar despacio, sus vestidos estaban sucios, rotos, los encajes de las mangas colgaban de ellas como ramas podridas... el hollín de las chimeneas se había hecho un lugar en las telas y en sus cuerpos confiriéndoles unas imágenes de muñecas desechadas a la basura por alguna niña malcriada. Sus dientes brillaban por su ausencia, y los que sobrevivían eran de color amarillo ocre. Ambas tenían 25 años... aunque llevaban tanto tiempo ejerciendo que su estado físico era de mujeres con setenta años, incluso al andar cuando arrastraban los pies, dejando a cada paso una marca de su miseria y desesperación. Ya ni recordaban la primera vez que las forzaron atándolas las manos por las muñecas con correas colgándolas de una viga en la vieja casa del ama Louise... tenían 6 años... cuando su vida cambio drásticamente de los pequeños hurtos a vender su cuerpo. Sus mentes se rompieron por completo, si una vez tuvieron vida, allí dejó de pertenecerles. Eran como juguetes en manos demasiado violentas y torpes y sus cuerpos se acostumbraron al dolor, a la impotencia y a la resignación. No volvieron a soñar con viajes fantásticos fuera de la calle Hellen Str. donde se criaron y sus muros se cebaron en ellas como una cárcel de muros de ladrillos y ventanas a través de las cuales las familias no miraban por no contagiarse de la podredumbre que les rodeaba justo al salir de sus casas.

-Tengo ganas de mear... -dijo Becca a modo de súplica a su amiga parándose en seco para cruzar mejor las piernas.
-Está bien... yo haré guardia... métete en el callejón...
-Pero vigila ¿eh?
-Que sí... y si viene algún cliente le digo que espere... venga, rápido...

Tany se quedó pegada a la pared cerca del callejón mientras Becca corría a pequeños saltitos hasta llegar a unas bolsas negras de basuras, se agachó agarrándose bien la falda y se relajó a medida que se iba desahogando, cerró los ojos imaginándose estar frente a una chimenea, sintiendo el calor entre sus piernas... por un segundo sintió un calor afilado en su garganta y luego algo más caliente... abrió los ojos sorprendida, en frente de ella la figura negra de un hombre de pie con los brazos y las piernas abiertas, mirándola desde la altura, en su mano derecha brillaba la hoja afilada de un cuchillo... no le dio tiempo a gritar, se puso las manos en el cuello mientras sus rodillas se doblaban hasta dar contra el suelo... el hombre alzó el brazo con el cuchillo, y lo hundió sobre Becca, primero en el costado, luego en el vientre... comprobó que ella respiraba y la miró fríamente a los ojos... quería asegurarse que ella sabía que se estaba muriendo... le puso el cuchillo delante de los ojos a modo de espejo para que ella viera su propia cara de terror, de sorpresa... antes de morir. Cinco latidos más tarde... y Becca ya estaba muerta.

-Becca... Becca... -susurraba Tany lo suficientemente alto para que su amiga pudiese oírla... Decidió meterse en el callejón cuando vio a su amiga recostada en las bolsas de basura... por un momento pensó que se habría quedado dormida, últimamente no se encontraba muy bien porque llevaban varios días sin comer y Becca era la más débil de las dos... -Becca... levanta... - empujó su hombro hacia atrás para despertarla... cuando la cabeza cayó a sus pies.

El grito de terror no despertó a ningún vecino, acostumbrados como estaban a que esas cosas pasaban, aunque nunca a ellos... El único testigo fue el policía, que con paso cansino se dirigió al callejón viendo una cabeza de mujer en el suelo mirándole con ojos sorprendidos, el cuerpo apoyado en unas bolsas de basura y de pie... temblando tanto que parecía que se iba a romper de los nervios, a otra mujer que balbuceaba... - yo moriré mañana... yo moriré mañana...